Espío mi interior con desconfianza para ver si descubro algo que pueda gustarte aún, una forma agradable, algo de la verdad que no fuera cierta y la engalano para ti y tú ni ves, has quedado ciego.
Y me obligo a recordarte con tus ojos, aunque ellos me acusen y me odien. Me obligo a recordar mi antigua vida ebria de caricias, esa vida que me dabas y que la revelé falsa, un poco fingida, aquella que no supe apreciar y que creí embustera.
Me queda respirar tu orgullo, el espacio de odio que queda en tu alma después de descubrir lo paralelo a nuestras vidas. Me queda ir rogando avergonzada, acabando con los residuos de altivez que hay en mí. Me queda no mirarte a los ojos para que no se se revelen más verdades. Me queda no esbozar ni un poco de futuro para no insultar tu presencia, me queda irme solitaria, me queda llorar de madrugada, me queda flaquear enajenada... Decido no morir, y entonces me conformo con lo que haya.. tú ganas.
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