
En el multiuniverso un tambor detonante despierta todas sus partes, las mantiene alerta a cualquier desastre. Un cataclismo novedoso invade con soplos de niño a la delicada realidad y el corazón del mundo parece entenderlo todo y resignarse a recoger después las porciones despreciadas de universos poco nombrados.
Las estrellas titilan asustadas por la velocidad de las luces y todos los habitantes de todos los mundos preparan rituales para su llegada y su partida, esperan atentos los minutos de bondad y de placer que les esperan.. así después venga la muerte.
Y la alternativa de universo se apoderó de todo el espacio por un segundo, llenando de un espejismo multicolor el ambiente naturalmente colorido, poniendo de cabeza el buen pronóstico de los vientos y cambiando por completo la predicción de los astros. Escupièndole versos a los profetas menos probables acerca del futuro de sus habitantes, acerca del porvenir de su universo primitivo conocido, acerca de la intranquilidad que les brindaba un clima estimulante.
Al final la vida se había acabado, pero no la historia. El tambor ya no provocaba, el silencio invadía, la nostalgia perduraba y la soledad era madre del multiuniverso al que un sólo habitante, yo, le quitó el color.
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