jueves 18 de febrero de 2010

Me cansé de tener pena después de afecto, de conmoverme con tus sufrimientos, de desearte el bien más que el que podría desear tu propia voluntad y tu 'inmaculado' proceder. De pensar y repensar en recetas que curen tu alma, tu espíritu y lo que queda de tu nobleza. De valorar las migajitas jactanciosas que tuve en algún momento olvidado y sentir pesar por tu infortunio. De procurarme impecable y solidaria con tus defectos bochornosos, de estar ahí de pie junto a la catástrofe que es tu vida.
Me harté de estar lejos y que me hagas saber tus desastres, como que si alguien me supiera responsable o capaz de resorvértelos; y cómo que si mi única aspiración fuera la de tener un espacio reducido en tu memoria dividida.
Me cansé de enterarme de los detalles que son siempre los mismos, de que se me culpe de ser un humano feliz, que sea infractora al enamorarme, que mis pecados hayan ocurrido al vivir mi vida y dejarte con la tuya.
Pero más cansada estoy de percibir esa soberbia asquerosa, reclamando un espacio especial en un lugar que no te pertenece y que el pasado se encargó de despojarte.
Gozar de la felicidad no me hace común ni silvestre, no me vuelve vulgar. Porque no he huido, no he abandonado, he elegido y me he marchado inocente. Pero padecer un mal escogido a punta de satisfacción no te vuelve virtuoso, te vuelve uno más entre un montón de 'incomprendidos'. Te vuelve un adolescente y la solución no la tengo yo, no. La tiene crecer...

1 comentarios:

  1. whaoo..!! como anillo al dedo.. definitivament tngo a quien dedicarla..

    ResponderSuprimir